¿Qué desempeño tendrá la economía de México este 2020?

“Es positivo, porque es creciente, pero es insuficiente …” – Ángel Gurría, Secretario General de la OCDE.

El 2019 fue, para muchos, el año del recorte, no solo por los ajustes en la economía, sino de la vida de los ciudadanos de México. Y es que, a lo largo de la historia, los modelos económicos del país se han cambiado varias veces, y aún no logra convencer a los mexicanos de un crecimiento notorio.

Se prevé que, en un lapso de seis a nueve meses, se mantendrá un modesto crecimiento de la economía en nuestro país en los sectores de manufactura, producción y bienes finales. Esto anticipado por los Indicadores Líderes Compuestos, MEI y del OCDE (Decreto de promulgación de la Declaración del Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos sobre la aceptación de sus obligaciones como miembro de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos).

México refleja una estabilidad de cinco meses por encima de países de la media que conforman la OCDE, que se encuentran con 99.3 puntos. Esto indica que México tendrá un mayor desempeño a comparación de Irlanda (100.1) y Turquía (101.3). Ya que ha crecido 0.2% en 2019 y acabará con 1.2% en 2020 y 1.6% en 2021, esto se verá reflejado de aquí a junio o septiembre.

Esta estabilidad podría ayudar a la ratificación del acuerdo comercial, TMEC (México y Estados Unidos y Canadá) para remplazar al TLCAM, lo que ayudaría a un mayor impulso al crecimiento global, según el Banco Mundial. “Es positivo, porque es creciente, pero es insuficiente. Cuando hay problemas en la súper estructura mundial, resulta que les afecta a los países más abiertos como México“, mencionó Ángel Gurría, Secretario General de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE).

Cabe mencionar, que se prevé también un pequeño desempeño económico, pero, según la OCDE será imperceptible.  Para esto, Gurría sugiere que México se enfoque en aspectos de los que sí tiene control, como: políticas internas, el estado derecho, la disciplina fiscal y la estabilidad de la política financiera.

Fuente: El Economista.

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